El estado y la revolución, de V. I. Lenin

El Estado y la revolución

La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución [1]

Prologo a la primera edición.

La cuestión del Estado adquiere actualmente una importancia singular, tanto en el aspecto teórico como en el aspecto político práctico. La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado. La opresión monstruosa de las masas trabajadoras por el Estado, que se va fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones omnipotentes de los capitalistas, cobra proporciones cada vez mas monstruosas. Los países adelantados se convierten —y al decir esto nos referimos a su “retaguardia”— en presidios militares para los obreros.

Los inauditos horrores y calamidades de esta guerra interminable hacen insoportable la situación de las masas, aumentando su indignación. Va fermentando a todas luces la revolución proletaria internacional. La cuestión de la actitud de ésta hacia el Estado adquiere una importancia práctica.

Los elementos de oportunismo acumulados durante décadas de desarrollo relativamente pacífico crearon la corriente de socialchovinismo imperante en los partidos socialistas oficiales del mundo entero. Esta corriente (Plejánov, Pótresov, Breshkóvskaia, Rubanóvich y luego, bajo una forma levemente velada, los señores Tsereteli, Chernov y Cía., en Rusia; Scheidemann, Legien, David y otros en Alemania, Renaudel, Guesde, Vandervelde, en Francia y en Bélgica; Hyndman y los fabianos [2], en Inglaterra, etc., etc.), socialismo de palabra y chovinismo de hecho, se distingue por la adaptación vil y lacayuna de los “jefes” del “socialismo”,no sólo a los intereses de “su” burguesía nacional, sino, precisamente, a los intereses de “su” Estado, pues la mayoría de las llamadas grandes potencias hace ya largo tiempo que explotan y esclavizan a muchas nacionalidades pequeñas y débiles. Y la guerra imperialista es precisamente una guerra por la partición y el reparto de esta clase de botín. La lucha por arrancar a las masas trabajadoras de la influencia de la burguesía en general y de la burguesía imperialista en particular, es imposible sin una lucha contra los prejuicios oportunistas relativos al ”Estado”.

Comenzamos examinando la doctrina de Marx y Engels sobre el Estado, deteniéndonos de manera especialmente minuciosa en los aspectos de esta doctrina olvidados o tergiversados de un modo oportunista. Luego, analizaremos especialmente la posición del principal representante de estas tergiversaciones, Carlos Kautsky, el líder más conocido de la II Internacional (1889-1914), que tan lamentable bancarrota ha sufrido durante la guerra actual. Finalmente, haremos el balance fundamental de la experiencia de la revolución rusa de 1905 y, sobre todo, de la de 1917. Esta última cierra, evidentemente, en los momentos actuales (comienzos de agosto de 1917), la primera fase de su desarrollo; pero toda esta revolución, en términos generales, sólo puede comprenderse como uno de los eslabones de la cadena de las revoluciones proletarias socialistas suscitadas por la guerra imperialista. La cuestión de la actitud de la revolución socialista del proletariado ante el Estado adquiere, así, no solo una importancia política práctica, sino la importancia más candente como cuestión de explicar a las masas qué deberán hacer para liberarse, en un porvenir inmediato, del yugo del capital.

El Autor

Agosto de 1917
Prologo a la segunda edición.
Esta edición, la segunda, no contiene apenas modificaciones. No se ha hecho más que añadir el apartado 3 al capítulo II.

El Autor

Moscú, 17 de diciembre de 1918.

Notas
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[1] Lenin escribió el libro El Estado y la revolución. la doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución en agosto y septiembre de 1917, en la clandestinidad, cuando se ocultaba de las persecuciones del gobierno provisional burgués.
La cuestión referente al carácter del poder estatal proletario interesó especialmente a Lenin en los últimos años de emigración. En el segundo semestre de 1916 expresó la idea de que era necesario elaborar teóricamente el problema del Estado. Consideraba necesario refutar las adulteraciones de la doctrina de Marx acerca del Estado contenidas en las obras de Kautsky y de otros oportunistas de la socialdemocracia internacional. “Ahora —escribió Lenin a A. Shliápnikov— está planteado a la orden del día no sólo proseguir la línea refrendada por nosotros (contra el zarismo, etc.) en las resoluciones y en el folleto…, sino también depurarla de los absurdos y embrollos de la negación de la democracia (figuran aquí el desarme, la negación de la autodeterminación, la negación “en general”, equivocada teóricamente, de la defensa de la patria, las vacilaciones en cuanto al papel y la significación del Estado en general, etc.)”.
En el segundo semestre de 1916, N. Bujarin defendió en varios artículos opiniones antimarxistas y semianarquistas acerca de Estado y de la dictadura del proletariado. En diciembre de 1916, en el artículo La Internacional de la juventud, Lenin criticó duramente la posición de Bujarin y prometió escribir un artículo detallado sobre la actitud del marxismo ante el Estado. En una carta fechada el 4 (17) de Febrero de 1917, Lenin notificó a Alejandra Kolontái que tenía casi preparado el material al respecto. Lo había reunido en un cuaderno, al que puso el titulo El marxismo acerca del Estado. El cuaderno contenía citas de obras de Marx y Engels, así como pasajes de libros de Kautsky, Pannekoek y Bernstein con observaciones críticas, conclusiones y sintetizaciones de Lenin. Este utilizó los materiales reunidos como base de su libro El Estado y la revolución.
Según el plan trazado por su autor, el libro debía tener siete capítulos, pero Lenin no escribió el séptimo, titulado La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917. Se han conservado sus planes detallados y el plan de la Conclusión. El libro apareció después de la Revolución Socialista de Octubre, de 1918, con una tirada de 30.700 ejemplares.
La segunda edición apareció en 1919. Lenin agregó un nuevo apartado. Cómo planteaba Marx la cuestión en 1852, al segundo capítulo.
[2] Fabianos; miembros de la Sociedad Fabiana, organización reformista inglesa fundada en 1884. Esta sociedad debe su nombre al caudillo romano Fabio Máximo (s. III a. n. e.), llamado Cunctátor (El Contemporizador) por su táctica expectante, que consistía en rehuir los combates decisivos n la guerra contra Anibal. Los miembros de la Sociedad Fabiana eran principalmente intelectuales burgueses: científicos, escritores y políticos (S. y B. Webb, Bernardo Shaw, Ramsay MacDonald y otros); negaban la necesidad de la lucha de clase del proletariado y de la revolución socialista y afirmaban que el paso del capitalismo al socialismo es posible únicamente por medio de pequeñas reformas y transformaciones paulatinas de la sociedad. Lenin definió el fabianismo como una “tendencia de oportunismo extremo”. En 19000, la Sociedad Fabiana ingresó en el Partido Laborista. El “socialismo fabiano” es una de las fuentes de la ideología laborista. Durante la primera guerra mundial (1914-1918), los fabianos mantuvieron una posición socialchovinista.

 

Indice
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Capítulo I
La sociedad de clases y el Estado
Capítulo II
El Estado y la revolución. La experiencia de los años 1848-1851
Capítulo III
El Estado y la revolución. La experiencia de la Comuna de París de 1891. El análisis de Marx
Capítulo IV
Continuación. Aclaraciones complementarias de Engels
Capítulo V
Las bases económicas de la extinción del Estado
Capítulo VI
El envilecimiento del marxismo por los oportunistas


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